martes, noviembre 08, 2011

El veto publicitario y la ética periodística

Veo con horror que a todo el mundo le parece estupendo que los anunciantes se retiren del programa "La noria" porque ha invitado a éste o aquél. No seré yo quien defienda ese tipo de televisión: ni me interesa ni creo que aporte valor a los espectadores. Pero ésta no es la cuestión.

Mi análisis va por otro lado. Resulta que un anunciante puede decidir sobre el contenido televisivo, apostando por un personaje, una idea o unos valores. Creo que no debemos caer en esta trampa y mezclar nuestra ética personal con la periodística. El conflicto de interés es manifiesto.

La libertad de la empresa de comunicación consiste en la creación de unos contenidos concretos. Puede ser cultos, zafios, deportivos, de entretenimiento o de cualquier naturaleza. Es su derecho constitucional siempre que no atente contra los derechos personalísimos y otras libertades. La libertad del anunciante reside en invertir en espacios que congreguen un tipo de audiencia (generalista o nicho, poco importa). Que los planificadores prefieran la comodidad de los medios de masas es una mala decisión estratégica, pero no cabe lamentarse por cómo utilicen su capacidad de acción. Y, claro está, la libertad de cada uno de nosotros reside en ver (o no) ese programa. Así de simple.

Si aceptamos la presión publicitaria como algo natural, es el principio del fin de la independencia editorial. El caso de La Noria todo el mundo lo ve claro, pero ¿y si el veto se extendiera a otros formatos? ¿y a los servicios informativos? Por eso, me escandaliza la alegría de algunos medios (perro no come perro) cuando un anunciante presiona. Veremos en qué queda

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viernes, agosto 24, 2007

Ética periodística: la verdadera crisis

Leo en un blog la siguiente historia que transcribo (cursivas):

El ciclo de vida de la información

martes 21 de agosto de 2007
Paso 1
La historia comienza el pasado viernes, cuando leo una noticia en Yahoo Cine (sacada de la agencia EFE) sobre las películas seleccionadas para el Festival de Cine de Nueva York.

Paso 2
Dos días después, me encuentro sin nada que escribir en Cinestrenos.com, y decido rescatar la noticia. Eso sí, procuro darle un ángulo distinto: rebusco un poco más en la selección en la web del festival y destaco sobre todo la presencia española (Saura, Guerín y Juan Antonio Bayona). En total, no me lleva más de media hora.

Paso 3
Al día siguiente, alguien en ClubCultura.com se ve en un apuro similar al mío y encuentra mi noticia. Pero va con bulla, así que piensa que es mejor anarrosear mi texto (por Ana Rosa Quintana, célebre copista). Y añade en el titular de su propia cosecha que se van a proyectar Volver y El laberinto del fauno, pero como va con bulla no se da cuenta de que este dato lo ha sacado de una noticia del año pasado y esas películas ya se proyectaron en la edición de 2006.

Paso 4
Poco después, alguien de Europa Press llega a ClubCultura.com y ve la noticia. Y le interesa, pero también va con bulla así que piensa que lo mejor es anarrosear su texto, sin pararse a comprobar si efectivamente Almodóvar y Guillermo del Toro van a pasar o no por Nueva York.

Paso 5
En cuestión de minutos, el teletipo encuentra su camino hasta las páginas de El Mundo, La Vanguardia, Terra y, oh sorpresa, Yahoo Cine, que cuatro días después publica una versión errónea de una noticia que ya dio el viernes. Y por supuesto, ninguno de ellos se extraña que el Festival de Nueva York de pronto se dedique a proyectar reposiciones...

Y así, niños y niñas, se completa el ciclo de vida de la información. Otro día os cuento cómo se hace el yogur.



Pienso que la verdadera crisis periodística está ligada a la ética... o a su falta. Da igual la excusa (fue el becario, pobre, siempre es culpable) o la razón (tenemos prisas), porque un producto informativo sin fuentes no merece la pena. Eso, desde luego, lo tenemos que demostrar los lectores: abajo el control+C,control+V.

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