miércoles, mayo 27, 2009

10 años de Erasmus, 20 años de Europa

En 1999, llegué a Berlín dentro del programa Erasmus para universitarios. Como buen estudiante de intercambio, mi nivel de alemán estaba por debajo de lo previsto y me matriculé como pude en las asignaturas ofertadas entre la Humboldt y en la Freie Universität, pasado y presente de la ciencia en Alemania. La historia de las revoluciones, las relaciones internacionales y el pensamiento político contemporáneo fueron los ejes sobre los que pivotaron mis asignaturas obligatorias y de libre elección. Durante el curso, España apenas aparecía en los temarios, los autores españoles no estaban entre la bibliografía citada y la cultura española era otra más dentro del panorama europeo. Cuanto más tiempo pasaba, mejor comprendía qué sucedía. En pleno corazón de Europa, estaba a igual distancia de la península balcánica, de París, del Círculo Polar o de cualquier otro punto… excepto de España.

El cambio de perspectiva y de enfoque me sirvió para ampliar mi radar personal y para comprender que Europa es mucho más que el Mediterráneo. Por eso cuando leo que la ampliación de Europa ha sido de ésta o aquella manera, pienso que quienes eso escriben tendrían que viajar más y salir de su ámbito cultural. Se amplía la Unión Europea, pero no Europa. Ahora, cuando se cumplen veinte años de la caída del Muro de Berlín, hay que valorar positivamente los avances y las ventajas de la integración y la ampliación de la Unión Europea. ¡El proceso no ha hecho más que empezar!

En el plano político, la adhesión de nuevos miembros de los nuevos miembros supone la garantía de estabilidad, gobernanza y democratización que supone el acervo comunitario. Aunque ahora esté en auge el euroescepticismo, el futuro político de las jóvenes democracias orientales pasa por la consolidación del acervo, por la expansión de políticas a favor de la UE y el fomento de la identidad nacional dentro de Europa. Estoy convencido de que los actuales discursos nacionalistas y euroescépticos desaparecerán en cuanto la generación Erasmus de estos países alcance niveles de responsabilidad en la administración. Es cuestión de tiempo y hay que tener paciencia. Los jóvenes, que han escuchado de sus padres las miserias del comunismo y las fronteras cerradas, no volverán a esa etapa. Todavía algunos profesionales del poder mantienen su hegemonía política mediante la política del miedo a lo nuevo, a lo que viene de fuera y a los burócratas de Bruselas. La crisis económica tampoco ayuda. No obstante, la integración ha favorecido la situación económica y, sobre todo, ha impulsado la idea de ciudadanía, de derechos políticos y de justicia social.

En perspectiva internacional, una Europa fuerte y unida es fundamental para hacer frente a los desafíos de la globalización. Las fronteras geográficas y los mapas políticos no paran la expansión de la gripe A y no limitan el alcance de las guerras, los movimientos migratorios o las hambrunas. ¿Demasiado peso para una UE devaluada? Puede ser. No obstante, no es menos cierto que los desafíos globales exigen un enfoque común, capaz de dar una respuesta única y comprometida más allá de la Península Ibérica o los Alpes. El paso siguiente de la ampliación es la integración, que hará exitosa las políticas emprendidas desde la caída del Muro. Es el tiempo de la diplomacia pública, de convencer a los aliados y a los países del entorno que la modernización, el progreso económico y la consolidación de la democracia son los pilares sobre los que sustentar un las relaciones internacionales. Un enfoque kantiano, seguro, pero basado en la comunidad epistémica de intereses y valores.

Desde el punto de vista económico, la desaparición de las fronteras y el mutuo reconocimiento ha ampliado el abanico de posibilidades a miles de trabajadores y empresas. Es la gran oportunidad. Europa quiere caminar hacia una economía de la innovación y el conocimiento; esto sólo es posible si existe un mercado capaz de estimular la demanda y apoyar la oferta. El crecimiento sostenible sólo será posible a través de la internacionalización de las empresas y la inversión exterior mantenida en el tiempo. La libre circulación de personas es el pilar que favorece que los capitales se muevan, se creen nuevos puestos de trabajo y se invierta la actual tendencia de destrucción de empleo. Desde 1990, se estima que la UE ha invertido en los países de la ampliación alrededor de 200.000 millones de euros, lo que supone un estímulo para el empleo local y la garantía de estándares de calidad y seguridad, así como la protección del medio ambiente. La competencia y la deslocalización son cuestiones de nuestro tiempo y no tiene cabida una solución parcial, nacionalista o desconectada de la economía global. La ampliación de Europa ofrece las dimensiones adecuadas para el desarrollo de las políticas de innovación y conocimiento en red para hacer frente las nuevas demandas de una economía verde, sostenible y responsable con el entorno.

Y la cultura. Si hay algo que la Comisión Europea debe impulsar es el estudio del tronco común cultural que une a los europeos. Siguiendo el ideal de Jean Monnet, la UE no coliga Estados, sino personas. Compartimos a George Steiner, Claude Magris, Ortega, María Zambrano, Salvador de Madariaga, Orhan Pamuk, Vassili Grossman, Sloterdjik, Norberto Bobbio, Habermas, Sartre, Glücksmann, Bauman, Hannah Arendt y la cultura de entreguerras. El mundo del periodismo también ha aportado a Indro Montanelli y Kapucinski, creadores de un lenguaje y referentes de una forma de ser europeos. Todos nos han emocionado, nos han hecho partícipes de su europeidad y de sus inquietudes. ¿Por qué no les leemos más? ¿Por qué no se incluyen todos estos autores (¡y más!) en los colegios y las universidades? Cuanto más leamos, más cercanos nos sentiremos y más fácil será construir puentes de apoyo y colaboración.

Hoy, casi diez años después, estoy seguro de que aquella experiencia Erasmus ha condicionado mi trayectoria personal y profesional. No entiendo Europa si no es dentro de un paradigma que incluye a todos con quienes compartimos las raíces y deseo común de una Europa mejor, basada en el proyecto de la Ilustración. Si, técnicamente, no sé si pertenezco a la generación X, Y o a cualquier otra, lo que tengo claro es que desde entonces comparto ciertos valores que considero europeos y que tienen una creciente aceptación universal. Queda mucho por hacer. Las transformaciones políticas y socioeconómicas no son inmediatas, sino que dan sus frutos al cabo de una o dos generaciones orteguianas. Espero que el paisaje que veremos dentro de otros 20 años sea el esperado por todos aquellos que deseamos una Europa más justa, más integrada y más libre.

Etiquetas: , , ,

martes, mayo 19, 2009

Bolonia y los nuevos títulos

El proceso de Bolonia no consiste en adecuar los planes antiguos al sistema de ECTS, sino que se trata de repensar qué es un periodista, un publicista o un comunicador. Hoy el desarrollo profesional ha conducido hacia nuevas tendencias, habilidades y virtudes (¡y defectos!) que hace 10 años eran impensables. ¿Cuántos SEO o community managers había en los medios en el año 1999? ¿Cuántos hay ahora? Y sobre todo ¿cuántos habrá en los próximos años? La respuesta es evidente.

Encuentro seis argumentos contra los grados uniformes.

(1) La imposición de una visión centralista.

En la FCOM de la Universidad de Sevilla existe la cátedra de tauromaquia.

Son poco probables en el campus de Segovia.

Ambas son importantes en su sitio.

¿Por qué limitarnos a cerrar las puertas en vez de abrirlas?

(2) Contenidos impuestos por el reparto de créditos entre departamentos

¿Cómo gestionar las cuotas cuando contamos sólo con 240 ECTS en cuatro cursos académicos? En algunos casos, supone la reducción directa del 20%.

(3) Los colegios profesionales son por definición conservadores

La defensa del status quo es propia de quien controla el conocimiento, el acceso a la carrera o el ejercicio profesional.

De la masonería a la pasantía, el fundamento es el mismo. Quien controla el grifo, controla el caudal.

(4) En defensa de las universidades privadas

¿Para quién es la ley de autonomía universitaria?

Los requisitos son los mismos que las públicas, entonces ¿cuál es el problema?

El 64% de los títulos evaluados han sido solicitados por Universidades privadas, ¿por qué tanto retraso?

Las universidades privadas no podemos competir ofreciendo el mismo servicio y nuestra ventaja competitiva pasa necesariamente por la flexibilidad, la innovación y el liderazgo

(5) Flexibilidad y dinamismo

Las ideas distintas, útiles, originales e innovadoras fomentan el empleo y la libertad de empresa.

Es el camino para la salida de la crisis.

(6) Movilidad

¿Para qué desplazarme a otra ciudad si voy a ver lo mismo?

En marketing, se llama commodity.

“To get college credits and a diploma, you'd have to be a paying customer.” Así seremos irrelevantes a corto plazo, incluso antes del 2020.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, mayo 11, 2009

Sobre Bolonia



Mañana estaré en Sevilla para hablar del proceso de Bolonia. El evento es el Forum Red 09: Encuentro sobre Red y Web Colectiva.

Etiquetas: , , , ,

martes, mayo 27, 2008

Para que Bolonia funcione

Artículo de Rafael Puyol, presidente de IE Universidad, en la Tercera de ABC.

Para que Bolonia funcione

TODO empezó en Bolonia en 1999. Allí se inició el proceso para promover la convergencia entre los sistemas nacionales de educación universitaria que permitieran la conformación de un Espacio Europeo de Educación Superior. Su objetivo prioritario fue el establecimiento de titulaciones que fueran reconocidas académica y profesionalmente en toda la Unión Europea y en otros países adheridos. Pero la oportunidad que brinda el proceso pretende aprovecharse para modernizar y mejorar la calidad de los sistemas universitarios implicados y para desarrollar la diversidad y la flexibilidad en la educación superior como instrumento para afrontar los desafíos de la globalización y de una sociedad basada en el conocimiento.

Bolonia apuesta además por la internacionalización de las instituciones, la movilidad de los estudiantes, la acreditación de los estudios para verificar su pertinencia y el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

En el caso de España, la mayoría de estos principios tan básicos, como necesarios, se mencionan en el Real Decreto regulador de las enseñanzas universitarias oficiales, publicado a finales del último mes de octubre. En él se anuncia el objetivo indiscutible de contribuir a la modernización de las universidades españolas y recoge los principios incuestionables de flexibilidad en la ordenación de las enseñanzas, la autonomía universitaria para el diseño y la diversificación curricular.

No es menor la pretensión de introducir cambios en la metodología docente, y la voluntad de ofrecer en el proceso de enseñanza-aprendizaje algo más que contenidos con la finalidad de favorecer la empleabilidad de los titulados. Y resulta loable, por apremiante, la apertura de nuestras universidades a estudiantes extranjeros porque necesitamos internacionalizar el sistema y favorecer la movilidad interior de los alumnos que por una oferta regional suficiente se han hecho demasiado sedentarios.
Pero lo que resulta más novedoso en la norma es la oportunidad de ofrecer títulos con un cierto grado de originalidad. Por primera vez, las Universidades podrán evitar los grados uniformes en los que todo se parece a todo y nada (o muy poco) resulta distinto.

Sin embargo, es necesario evitar a toda costa que por la vía de ciertas actuaciones se desvirtúe el alcance de esta posibilidad. Los Departamentos no pueden pretender incorporar a los planes todo lo que saben sus profesores y prescindir de todo lo que ignoran. Sabemos que los departamentos universitarios, junto con las comunidades de vecinos, son uno de los inventos más sombríos de la humanidad. En ellos se desatan, desbordadas, las pasiones humanas y hasta las inhumanas, en una lucha permanente por puestos y preeminencias. Un invento que llega a la perversidad cuando han de convivir (y competir) departamentos del mismo área de conocimiento, identificados, como los Papas, por un nombre y un número romano. Los nuevos planes pueden fracasar por la base si los departamentos no son capaces de ponerse de acuerdo en un diseño que les va a exigir sacrificios y renuncias antes un curriculum más reducido que los anteriores.

Las Conferencias de Decanos y Directores tienen que admitir que no son Fuenteovejuna. Que llegar a acuerdos para «cerrar» lo más posible una titulación es un torpedo contra la línea de flotación del espíritu de Bolonia. No tiene sentido, por extemporáneo e inconveniente que algunas áreas esten buscando caminos, directos o indirectos, para sortear la aplicación de una estructura de estudios y una distribución de contenidos que consideran impertinente y que algunos responsables académicos sigan intentando recuperar planes de estudios definidos poco después de la muerte de Viriato a los que han canonizado como cuasiperfectos.

Los colegios profesionales deben ser más abiertos y menos corporativos. No pueden convertirse en censores de lo que está bien o mal. Deben ser escuchados porque siempre pueden aportar opiniones ancladas en su larga experiencia y juicios sobre contenidos imprescindibles para evitar fracasos derivados de la impericia formativa de sus colegiados. Pero no pueden pretender regularlo casi todo y considerar inconsistente todo lo que se salga de sus recomendaciones.

La Aneca tiene que actuar con rigor, pero también con flexibilidad. Y al menos en las verificaciones iniciales de los títulos no parece que haya sido así. La mayoría han sido devueltos a las Universidades con argumentos desfavorables no siempre claros y justificados. La Universidad española ha vuelto a sacar a pasear su instinto profundamente autocrítico. Las mismas personas que suelen intervenir en el diseño de los planes son luego las que, en otro escenario, los critican u objetan con impiedad.

Las universidades públicas tienen que conducirse con más generosidad con las privadas y no descalificar, sin más, sus iniciativas con el argumento de que las necesidades del mercado están cubiertas con su oferta. Las universidades privadas, la mayoría jóvenes e imperfectas, han hecho un esfuerzo de adaptación a Bolonia mucho más rápido e intenso que las públicas. De las poco más de doscientas solicitudes de verificación de planes un 64 por ciento han correspondido a las instituciones privadas que además han podido, por sus menores constreñimientos internos, diseñar titulaciones con contenidos novedosos. No se pueden descalificar esos proyectos con el argumento injusto de una pretendida competencia, tanto más si se tiene en cuenta que las privadas no consumen recursos públicos.

Quizás tienen razón los alumnos al decir que han intervenido poco o nada en la confección de los nuevos planes. Pero no la tienen algunos grupos o asociaciones cuando afirman que el proceso de Bolonia supone una mercantilización de la educación superior que se manifiesta en un encarecimiento de los estudios y en una cierta elitización de la Universidad. Bolonia no tiene porque ser más cara que el sistema previo y no me preocupa una mayor elitización de la Universidad siempre que afecte a los productos y no tanto a los usuarios.

Las Comunidades Autónomas han de superar la pretensión de no crear demasiadas diferencias entre sus Universidades, favoreciendo proyectos desviados del cómodo, pero poco competitivo, «café para todos».

Por último, el Ministerio, ahora con nueva denominación y competencias, ha de favorecer la venida de estudiantes internacionales mediante procedimientos que no supongan para los candidatos un calvario descorazonador. Eso significa ante todo reconocer los estudios realizados en cada país para acceder a la Universidad como suficientes para entrar en nuestro sistema. Por el momento, sólo los estudiantes del Espacio Europeo de Educación Superior y desde hace poco tiempo los de China, están en esta situación. Pero quedan muchos estados a los que extender esta posibilidad, conveniente para España, que va a necesitar en el futuro un volumen de trabajadores cualificados superior a los que internamente va a permitir la producción propia.
Sólo así podría llevarse a cabo una reforma basada en la flexibilidad, en la transversalidad y en la multidisciplinariedad de los sistemas educativos y en una oferta de productos diferenciados que promueva una auténtica competencia entre las Universidades.Sólo así será posible que las Universidades ejerzan la función irrenunciable de la autonomía responsable que entraña libertad de diseño, pero también compromiso con el rigor y la calidad de los productos ofertados. Sólo así seremos capaces de superar los estrechos límites territoriales de los sistemas educativos regionales que al planificar parecen hacerlo sólo para sí mismos, para unos estudiantes interiores en clara disminución ante los efectos imparables de una demografía implacable.

Los estudiantes deben poder elegir aquello que conviene más a sus intereses. Moverse entre universidades y centros educativos a la búsqueda de lo mejor. Adquirir conocimientos básicos, pero también formaciones complementarias y diferenciadas que den singularidad a su formación. Deben aprender a aprender y el profesor a enseñar de otra manera. La clase magistral está condenada al baúl de los recuerdos. Los métodos interactivos se impondrán con rotundidad.

La Universidad no puede producir clones con los mismos conocimientos e ignorancias. Bolonia es una oportunidad para hacer cosas nuevas, distintas, útiles, originales e innovadoras. Ojalá sepamos y podamos aprovecharla.

Etiquetas: , , , ,